La Danza entre la Calma y la Sabiduría
En un texto aislado pero significativo del Anguttara Nikaya, se describe una antigua tensión en el seno de la comunidad monástica: los jhayins (monjes dedicados a la meditación o éxtasis) criticaban a los dhammayogas (monjes dedicados al estudio de la Doctrina), y viceversa. Sin embargo, el Buda llamó a la estima mutua, señalando que ambos caminos son necesarios para alcanzar el elemento inmortal.
Louis de la Vallée Poussin explora esta dinámica, mostrando cómo el budismo primitivo buscaba equilibrar la visión mística directa con el discernimiento intelectual profundo.
Estos practicantes depositaban su confianza en las visiones y sensaciones místicas obtenidas en estados de concentración profunda. Para ellos, el conocimiento discursivo era secundario frente a la experiencia directa del Nirvana. Vivían al margen de la norma común, a menudo en cementerios o bosques, buscando la hipnosis espiritual.
1. Confusión con la Hipnosis: El riesgo de buscar el éxtasis por el éxtasis mismo, sin la purificación ética previa.
2. Aislamiento Social: La tendencia a abandonar las responsabilidades comunitarias en favor de la introspección absoluta.
3. Falta de Fundamento: Sin la comprensión de la impermanencia, el éxtasis puede convertirse en otro apego sutil.
Por otro lado, los "filósofos" recordaban que el Buda definió la perfección como la supresión del deseo mediante el estudio de la naturaleza dolorosa de los objetos. Criticaban a los místicos por ignorar la estructura lógica de la realidad y depender excesivamente de estados alterados de conciencia.
El Canon nos informa que existen dos clases de seres perfectos: los que se liberan mediante la Prajna y los "doblemente liberados", que además han cultivado la meditación profunda. El budismo no elige entre el corazón y la mente, sino que exige que ambas alas funcionen juntas para volar hacia la liberación.