El equilibrio sutil: Yogācāra entre la construcción mental y la realidad
La pregunta "¿es el Yogācāra idealista o fenomenológico?" ha dividido a generaciones de eruditos. Mario D’Amato, profesor en Marlboro College y traductor clave de textos sánscritos, se sitúa precisamente en esa frontera difusa donde ambas lecturas dialogan. Su trabajo sugiere que forzar al Yogācāra a elegir entre estas categorías occidentales es perder de vista su propósito original: describir la experiencia humana con una precisión que trasciende nuestros dualismos filosóficos habituales.
D’Amato nos invita a habitar la ambigüedad productiva del término vijñaptimātra. No como una respuesta definitiva sobre la naturaleza de la realidad, sino como una invitación a investigar cómo el significado emerge en la intersección entre la conciencia y lo que se presenta ante ella. Para él, el Yogācāra es menos una teoría del ser y más una gramática de la experiencia significativa.
D’Amato reconoce que ciertos pasajes yogacāricos suenan inequívocamente idealistas, afirmando que los objetos externos no existen tal como los percibimos. Sin embargo, argumenta que esta afirmación tiene un alcance terapéutico específico: busca romper nuestra adhesión obsesiva a los objetos como fuentes de felicidad o sufrimiento inherente. Una vez lograda esa desidentificación, la cuestión ontológica pierde urgencia. El "idealismo" sería así una medicina provisional, no una dogma eterno.
Un aporte distintivo de D’Amato es su énfasis en la dimensión social y lingüística de la conciencia. Lejos de un solipsismo cerrado, muestra cómo el Yogācāra entiende la experiencia como co-construida a través del lenguaje, la cultura y la interacción con otros seres. Las "semillas" en el ālaya-vijñāna no son solo huellas individuales, sino sedimentaciones colectivas de significado compartido. Esto conecta el Yogācāra temprano con preocupaciones contemporáneas sobre la intersubjetividad y la construcción social de la realidad.
Como traductor de obras fundamentales como el Viniścayasaṃgrahaṇī de Asaṅga, D’Amato enfrenta directamente el desafío de verter conceptos sánscritos intraducibles a lenguas modernas. Su trabajo demuestra que traducir el Yogācāra exige reinventar nuestro propio vocabulario experiencial. No basta con encontrar equivalentes léxicos; hay que recrear en el lector la misma apertura perceptiva que los textos originales buscaban provocar en sus oyentes indios.
Para quienes navegamos entre la práctica meditativa y la reflexión filosófica, D’Amato ofrece un camino medio precioso. Nos libera de la ansiedad por "tener la metafísica correcta" y nos devuelve a la tarea inmediata de observar cómo surge el significado en cada instante. Su lectura del Yogācāra como fenomenología abierta nos recuerda que el despertar no consiste en llegar a una verdad abstracta, sino en habitar la experiencia con una claridad que ya no necesita defenderse ni negar nada.