Mo Zi: El Amor que Todo Abarca

Utilitarismo proletario y crítica a los rituales feudales

Manos artesanas trabajando madera con herramientas antiguas bajo luz tenue, atmósfera de labor solidaria y simplicidad ascética

En el panorama de la filosofía china antigua, Mo Zi (c. 480-390 a.C.) ocupa un lugar único y revolucionario. A diferencia de Confucio, que provenía de la clase aristocrática y defendía los rituales feudales, o de Lao Zi, que idealizaba la naturaleza desde una posición de retiro, Mo Zi emergió de los estratos más bajos de la sociedad –probablemente de la clase artesana, como sugiere su nombre asociado al "tatuaje" de esclavos y criminales–. Su contribución monumental fue establecer un principio abstracto de utilidad como estándar para juzgar lo correcto y lo incorrecto, y construir sobre él una estructura completa de sociedad, estado y religión orientada al bienestar práctico de la gente común. Su doctrina del "amor que todo abarca" y su condena de los rituales elaborados provocaron la ira de las escuelas tradicionales, pero ofrecieron una voz poderosa a quienes estaban cansados de la guerra y la extravagancia feudal.

Mo Zi vivió en la sangrienta Época de los Estados en Guerra, cuando la autoridad central de la casa Chou se había desintegrado y los estados peleaban por prestigio y supervivencia. Como miembro de la clase oprimida, vio cómo los nobles eran mantenidos por el sudor de los comunes mientras se entregaban a lujos improductivos. Su filosofía no era especulación académica sino programa de acción social: ideó tácticas de guerra defensiva para proteger a los débiles, predicó la no-agresión como imperativo moral y fundó una sociedad disciplinada de seguidores dispuestos a "entrar al fuego o caminar sobre espadas" por el bien de la humanidad. Este espíritu caballeroso y ascético, inspirado en el legendario Yü –quien manejó la inundación devastadora sacrificando su comodidad personal–, define el carácter único del mohismo.

"Un amor que todo abarca es la causa del beneficio del mundo; discriminación mutua es la causa de su calamidad."
— Mo Zi, cap. 16

El Amor que Todo Abarca vs. la Discriminación

El núcleo de la filosofía social de Mo Zi es la distinción entre dos principios: "discriminación" y "abarcar todo". Bajo el principio de discriminación, cada persona ama selectivamente: el hijo se ama a sí mismo y no a su padre; el ministro se ama a sí mismo y no al príncipe. De ahí surgen todos los daños del mundo: ataques de estados grandes a pequeños, saqueos de fuertes a débiles, opresión de muchos a pocos. Bajo el principio de abarcar todo, sin embargo, "uno es tanto para otros estados como para el propio; uno es tanto para otras familias como para la propia; uno es tanto para otras personas como para sí mismo". Si todos actuaran así, no habría guerras, disturbios ni saqueos.

Este amor universal es radicalmente diferente del jen confuciano. Mientras Confucio enseñaba un amor con grados de intensidad –piedad filial, amor fraternal, afecto conyugal–, Mo Zi insistía en que el amor debía ser igual para todos. No era un sentimiento emocional espontáneo sino un deber racional y un estándar universal de acción. Su justificación era pragmática: "Oídos atentos y ojos interesados responderían para servirse unos a otros, las extremidades se fortalecerían para trabajar para todos". Los ancianos tendrían apoyo, los huérfanos protección, y el mundo estaría libre de daño. Era una visión de sociedad humana creada exclusivamente mediante la práctica del amor inclusivo.

Los Tres Estándares de Verificación

Para resolver conflictos entre beneficio y daño, Mo Zi estableció tres métodos de prueba: 1) Trazarlo en la autoridad de los antiguos reyes-sabios (método histórico); 2) Examinarlo en los hechos que la gente común pueda ver y escuchar (método experimental); 3) Usarlo y observar si es benéfico para el país y el pueblo (método pragmático). De los tres, el más importante es el tercero: aquello que produce más bien que mal para el mayor número es correcto; lo que produce más mal que bien es incorrecto. Este utilitarismo anticipa en dos milenios el principio de Bentham del "mayor bien para el mayor número", pero con un enfoque específicamente orientado a la riqueza y población como indicadores concretos de bienestar social.

Crítica a los Rituales y la Música

Desde su perspectiva utilitaria, Mo Zi atacó ferozmente los rituales feudales, funerales extravagantes, largos periodos de duelo y la música ceremonial. No los condenaba por razones estéticas o espirituales, sino porque eran "lujos sin utilidad práctica, dañinos para la economía de las personas". Cuando preguntó a los confucianos por qué debían tener música y respondieron "la música es entretenimiento", replicó: "Eso es equivalente a decir que la casa es una casa". No habían explicado la función práctica.

Su argumento económico era contundente: los funerales espléndidos de gobernantes agotaban los tesoros del estado; los largos duelos impedían la producción agrícola; la música consumía recursos que deberían destinarse a comida y vestido. "Aun cuando una persona ordinaria muere, los gastos del funeral reducen a la familia casi a mendigar". Para Mo Zi, estas prácticas representaban uno de los mayores males sociales porque sacrificaban la prosperidad material de la gente en aras de tradiciones aristocráticas improductivas. Su alternativa era la economía de gastos: producción eficiente y eliminación de todo gasto inútil.

Sanciones Religiosas y Políticas

Reconociendo la debilidad humana, Mo Zi buscó personificar su doctrina del amor universal en autoridades superiores. Religiosamente, concebía al Cielo como el Soberano en Alto que ama a la humanidad y cuya voluntad es que todos se amen mutuamente. "¿Cómo sabemos que el Cielo ama a las personas? Porque Él los ilumina a todos [...] Si el Cielo no ama a la gente, ¿por qué castiga a los injustos con calamidades?". También argumentaba la existencia de espíritus que recompensan el bien y castigan el mal, usando esta creencia como incentivo psicológico para aceptar su doctrina. Cuando un discípulo le preguntó cómo podía estar enfermo siendo sabio si los espíritus eran inteligentes, respondió con pragmatismo: hay muchas causas de enfermedad; es como una casa con cien puertas donde cerrar una no impide que entren ladrones.

Políticamente, Mo Zi proponía una teoría de "contrato social" avant la lettre. Antes del estado, reinaba el caos porque "cada hombre tenía su propia idea; diez hombres, diez ideas diferentes". Para salvarse de la anarquía, los hombres seleccionaron al más sabio y capaz como emperador, y establecieron una jerarquía de ministros, príncipes y líderes. El propósito del estado era "unificar las ideas": "Lo que el superior considere correcto, todos deben considerarlo igual". Esta teoría de "acceder hacia arriba" buscaba uniformidad completa para eliminar el conflicto ideológico. Aunque Hsün Zi criticaría después que "Mo Zi tenía visión en la uniformidad pero no en la individualidad", su propuesta reflejaba la desesperación de las masas ante el caos político y su anhelo de autoridad centralizada.

Negación del Determinismo

Contra la teoría del destino, Mo Zi dedicó tres capítulos a su negación. Su argumento era triple: 1) Históricamente, lo que fue trastornado por reyes malvados fue ordenado por reyes sabios bajo las mismas condiciones universales; 2) Experimentalmente, nadie ha visto ni escuchado el objeto llamado "destino"; 3) Pragmáticamente, si los soberanos creyeran en el destino, serían descuidados, el mundo caería en confusión y la gente sufriría. Esta negación era esencial para su utilitarismo: si todo está predestinado, no hay incentivo para la virtud ni temor al vicio. La ansiedad sobre el futuro se elimina examinando el pasado para conocer el futuro, no consultando oráculos fatales.

Al adoptar esta perspectiva opuesta al determinismo, Mo Zi enfatizó que los hombres podían perfeccionarse por sus propios esfuerzos. Su rechazo al destino complementaba su énfasis en la utilidad: si el bienestar depende de acciones humanas verificables, entonces la responsabilidad recae en la organización social y la conducta individual, no en fuerzas sobrenaturales inescrutables. Esta actitud empoderaba a la clase trabajadora: su suerte no estaba escrita en las estrellas sino en la eficiencia productiva y la solidaridad mutua.

"La doctrina que puede llevarse a la práctica debe ser honrada. Aquello que no puede llevarse a la práctica es sólo un grupo de palabras."

Un Estimado: Utilitarismo como Tesis Central

La importancia de Mo Zi en la historia de la filosofía china reside en haber producido un sistema coherente donde todas las partes se involucran mutuamente. Su doctrina del amor que todo abarca no puede excluir la no-agresión; sus creencias religiosas y teoría política son inseparables. Si existe una tesis central, es el utilitarismo: provee los criterios sobre los cuales todo lo demás será probado. Como Bentham siglos después, descubrió un método más que una doctrina fija.

Sin embargo, su sistema fue quizás demasiado utilitario. Zhuang Zi profetizó su fracaso: "El hombre cantará, pero él condena el canto. El hombre llorará, pero él condena el llanto. ¿Esto va de acuerdo con la naturaleza del hombre?". La profecía se cumplió: el mohismo decayó tras el siglo I a.C. Su sutil pesimismo, teñido de la conciencia de un mundo en cambio constante, no pudo enfrentar las demandas insistentes de la vida práctica diaria. Contrastaba demasiado con la búsqueda moral de Confucio y el ascetismo naturalista de los taoístas.

No obstante, Mo Zi dejó un legado invaluable: la primera articulación sistemática de un pensamiento social desde la perspectiva de los oprimidos, la primera teoría de contrato social en China, y un método pragmático de verificación que anticipa el empirismo moderno. En un mundo aún marcado por desigualdades y guerras, su insistencia en que el amor universal debe traducirse en beneficio material concreto para el mayor número resuena con vigencia sorprendente. Su voz proletaria nos recuerda que la filosofía no es lujo académico sino herramienta para transformar la miseria en prosperidad compartida.

← Volver al índice de pequeñas joyas