Jiuhua Shan: la montaña de las nueve flores de loto y el guardián de los reinos inferiores
El Monte Jiuhua (Jiuhua Shan), en la provincia de Anhui, es la tercera de las cuatro montañas sagradas del budismo chino. Su nombre significa "Montaña de las Nueve Flores", haciendo referencia a sus nueve picos principales que se asemejan a los pétalos de un loto gigante abierto hacia el cielo.
Esta montaña es el Bodhimanda de Ksitigarbha (Dizang Wang), el Bodhisattva conocido por su gran voto: "Mientras el infierno no esté vacío, no alcanzaré la Budeidad". A diferencia de otros bodhisattvas asociados a la sabiduría o la práctica, Ksitigarbha representa la compasión hacia los seres que sufren en los estados más oscuros de la existencia.
La santidad de Jiuhua está ligada a la figura histórica de Kim Gyo-gak, un príncipe de la dinastía Silla (Corea) que viajó a China en el siglo VIII para practicar el ascetismo. Se dice que vivió en una cueva durante décadas, subsistiendo con harina de trigo mezclada con tierra blanca.
Ksitigarbha suele representarse como un monje con una cabeza rapada, sosteniendo un bastón con seis anillos (para abrir las puertas de los reinos inferiores) y una joya brillante (para iluminar la oscuridad). Es la figura a la que acuden las familias para rezar por sus ancestros fallecidos, buscando aliviar su sufrimiento post-mortem.
Jiuhua Shan cuenta con más de 90 templos y monasterios dispersos por sus laderas boscosas. A diferencia de la majestuosidad imperial de Wutai, Jiuhua tiene un aire más íntimo y recogido. Los senderos serpentean entre bambúes y pinos, llevando al peregrino de un santuario a otro en un viaje de purificación.
El ambiente aquí es de profunda reverencia. Los cantos de los sutras resuenan en los valles, especialmente durante el Festival de Dizang, cuando miles de personas ascienden para honrar el voto del Bodhisattva. Es un lugar donde la frontera entre el mundo visible y el invisible parece más delgada.
El voto de Ksitigarbha nos enseña que la verdadera compasión no excluye a nadie. No importa cuán "perdido" o "oscuro" pueda parecer alguien, siempre hay espacio para la redención y la ayuda. Jiuhua es un recordatorio físico de que nadie debe ser abandonado en su sufrimiento.
Visitar el Monte Jiuhua es confrontar nuestra propia capacidad de compasión. Nos invita a mirar hacia aquellos aspectos de la vida (y de nosotros mismos) que preferimos ignorar o juzgar. Al igual que Ksitigarbha desciende a los reinos inferiores con su joya luminosa, nosotros podemos aprender a llevar consciencia y amor a nuestras propias sombras, transformando el sufrimiento en sabiduría.