¿Dónde está el "ahora"? Surfear la ola del presente continuo
A menudo imaginamos los koans como acertijos antiguos y oscuros planteados por monjes chinos hace siglos: "¿Cuál es el sonido de una sola mano aplaudiendo?". Sin embargo, el Dr. John Crook, heredero del Dharma del Maestro Sheng Yen, nos recuerda que los koans más importantes no están en los libros, sino en nuestra propia vida. Son los patrones repetitivos, las dudas existenciales y ese sufrimiento (dukkha) que cargamos desde la infancia.
Vivimos atrapados en lo que llamamos los "tres tiempos": el pasado (que ya murió), el futuro (que aún no existe) y un presente que se nos escapa entre los dedos. Pero, ¿dónde estamos realmente?
Aquí surge el verdadero koan de la vida cotidiana. Si solo podemos estar en el "ahora", ¿dónde está? En el instante en que digo "ahora", ese momento ya ha pasado. Se ha convertido en memoria. Es una paradoja desconcertante: el único lugar real es inalcanzable porque se mueve constantemente.
Esta sensación puede generar ansiedad. Nos preguntamos: "Si el ahora ya se fue cuando lo nombré, ¿quién soy yo?". Esta duda no es intelectual; es visceral. Es el comienzo de la "gran masa de duda" que el Chan busca provocar para romper nuestras certezas rígidas.
Imagina que el "ahora" es una ola gigante en el océano. La ola se mueve constantemente. Para estar en el "ahora", no puedes quedarte quieto; tienes que moverte con ella. Es como surfear: mientras te mantengas sobre la tabla, estás en el presente continuo. En cuanto caes, te hundes en el pasado (la memoria de la caída) o te preocupas por el futuro (la siguiente ola). La práctica consiste en aprender a mantener el equilibrio sobre esa ola movediza.
Nuestra mente suele ser como un barril lleno de "karma": preocupaciones antiguas, errores pasados, miedos futuros. Todo ese ruido mental nos impide surfear la ola del presente. Nos mantenemos ocupados reproduciendo viejos guiones en lugar de vivir lo que está ocurriendo.
La meditación y la confrontación honesta con nosotros mismos (ya sea mediante el huatou o ejercicios de comunicación profunda) nos ayudan a "vaciar el barril". Al dejar salir esas emociones acumuladas, al reconocer nuestros patrones sin juzgarlos, liberamos espacio. Y en ese espacio vacío, la claridad puede aparecer.
A diferencia de otras tradiciones que buscan respuestas definitivas o consuelo en una divinidad externa, el Chan nos invita a permanecer en el misterio. No sabemos qué es el "ahora" intelectualmente, pero podemos experimentarlo. Ese misterio no es algo que deba asustarnos, sino el campo fértil donde crece la sabiduría.
Los koans de la vida no tienen una respuesta final que podamos escribir en un papel. La respuesta es la propia vida vivida con plenitud. Cuando dejamos de luchar contra la corriente del tiempo y aprendemos a surfear la ola del presente, descubrimos que no necesitamos estar en otro lugar. El misterio del "ahora" no se resuelve; se vive. Y en esa vivencia total, encontramos la paz que tanto buscamos.