Sengcan y la vía fácil: abandonar el gusto y el disgusto para encontrar la verdad
El Xinxin Ming es quizás el texto más recitado en la tradición Chan (Zen). Atribuido a Sengcan, el Tercer Patriarca, este breve poema no ofrece rituales complejos ni filosofías intrincadas. Su mensaje es radicalmente simple y, por ello, extraordinariamente difícil de practicar: la Verdad no está lejos, solo estamos demasiado ocupados eligiendo y rechazando.
Desde la primera línea, "La Gran Vía no es difícil, solo evita elegir", Sengcan nos invita a soltar el hábito mental más arraigado: la dualidad. Mientras juzguemos cada experiencia como "buena" o "mala", "mía" o "tuya", estaremos construyendo muros entre nosotros y la realidad tal como es.
El poema nos señala que el sufrimiento no viene de los hechos, sino de nuestra reacción ante ellos. Al aferrarnos a lo que nos gusta y huir de lo que no, creamos una tensión constante que nos aleja del presente.
La "fe" de la que habla el título no es credulidad, sino confianza. Es la certeza íntima de que nuestra propia mente, en su estado natural, ya está completa y despierta. No necesitamos añadir nada ni quitar nada; solo necesitamos dejar de interferir.
Leer el Xinxin Ming es como recibir un permiso para descansar. Nos libera de la presión de tener que "conseguir" la iluminación. Todo lo que se nos pide es dejar de luchar contra la corriente de la vida. En ese abandono total del control, encontramos la libertad más profunda.