La Práctica de Aceptar el Karma

La segunda entrada de Bodhidharma hacia la paz interior

Cuando el sufrimiento llega a nuestra puerta, nuestra primera reacción suele ser la resistencia. Preguntamos "¿por qué a mí?", nos quejamos de la injusticia o buscamos culpables externos. Sin embargo, hace quince siglos, Bodhidharma, el patriarca que trajo el Zen a China, nos ofreció una vía diferente. Una vía de aceptación radical.

En su famoso Tratado sobre las Dos Entradas y las Cuatro Prácticas, Bodhidharma describe lo que él llama la "Práctica de Aceptar las Circunstancias Kármicas". No es una resignación pasiva, sino una comprensión profunda de la ley de causa y efecto que nos libera del peso del resentimiento.

Bodhidharma meditando frente al muro

No hay justicia, hay causas

Bodhidharma nos invita a reflexionar: durante innumerables eones, hemos vagado por los reinos de la existencia, persiguiendo deseos y creando todo tipo de karma. Ahora, aunque en este momento no cometamos ninguna falta, el sufrimiento que experimentamos es el fruto maduro de semillas plantadas hace mucho tiempo.

Ni los dioses ni los hombres pueden ver dónde se sembró esa semilla original. Pero el fruto está aquí. Y cuando comprendemos que este dolor no es un castigo arbitrario, sino el agotamiento natural de una causa antigua, algo cambia en nosotros. Dejamos de luchar contra la realidad.

“Cuando surge el sufrimiento, no te lamentes ni te quejes. Di: 'Este es el fruto de mis acciones pasadas. Debo aceptarlo con paciencia, sin resentimiento'. Así estarás en armonía con el Dharma.”

La trampa de la buena suerte

Pero la enseñanza de Bodhidharma no se detiene en el dolor. También nos advierte sobre el éxito, la riqueza o la fama. Si hoy disfrutamos de buena fortuna, no debemos envanecernos ni aferrarnos a ella. Esa buena suerte es también el fruto de un karma positivo pasado.

Y al igual que el dolor, la buena fortuna es impermanente. Cuando las causas que la sustentaron se agoten, desaparecerá. Aferrarse a ella solo genera ansiedad por perderla. El sabio acepta la buena suerte con la misma ecuanimidad con la que acepta la mala: sabiendo que todo es transitorio.

La paz de la no-resistencia

Aceptar el karma no significa que debamos gustar el sufrimiento. Significa que dejamos de añadirle el sufrimiento mental de la queja. Es como recibir una carta que ya estaba escrita hace años: puedes enfadarte con el cartero, o puedes abrir la carta, leerla y dejar que pase.

Cuando aceptamos nuestras circunstancias sin resistencia mental, la mente se calma. Y en esa calma, encontramos la libertad. No somos víctimas del destino, somos observadores conscientes del flujo de causas y condiciones.

Una hoja cayendo suavemente

Bodhidharma nos enseña que la verdadera práctica no ocurre solo en la meditación sentada, sino en cómo recibimos cada momento de nuestra vida. Ya sea dulce o amargo, cada instante es una oportunidad para soltar el control y confiar en la ley universal.

Al final, aceptar el karma es aceptar la vida tal como es. Y en esa aceptación total, descubrimos que nada nos falta, y nada nos sobra. Solo estamos aquí, completos, en el eterno ahora.

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