Una reflexión poética sobre la no-dualidad
La espada afilada corta el viento,
pero no puede herir su propio acero.
El ojo claro contempla el mundo,
pero nunca ha visto su propia mirada.
¿Cómo saber quién observa?
¿Cómo tocar la mano que toca?
No busques la respuesta en el libro,
ni en el silencio de la piedra.
Está en el acto mismo de buscar,
en el fuego que quema sin consumirse,
en el filo que corta sin separar.
Deja de intentar comprenderte.
Empieza a ser lo que ya eres:
la pregunta y la respuesta,
el viaje y el camino.