Inspirado en la esencia de Bashō
Cierro los párpados
para apagar el ruido del mundo.
Y entonces, llega.
No como un grito, sino como un susurro antiguo:
el viento tejiendo su danza entre las agujas del pino.
Abajo, el lago no se mueve,
pero sostiene el cielo entero en su pecho de agua.
Se mece suavemente,
sin prisa, sin destino,
simplemente siendo.
En ese instante,
yo no soy quien mira.
Soy el viento.
Soy el pino.
Soy la calma del lago que todo lo refleja
y nada retiene.
Abrir los ojos es volver a olvidar.
Cerrarlos es recordar quién soy.