Cuando lo sagrado se convierte en herramienta
Si la historia de Danxia quemando estatuas te pareció chocante, espera a escuchar esta. El maestro Chan Danxia Tianran no solo destruía símbolos cuando le convenía; también los usaba con una pragmatismo desconcertante. Para él, lo sagrado no era algo intocable, sino parte integrante de la realidad cotidiana.
Cuenta la leyenda que, durante uno de sus viajes peregrinos, Danxia se encontró con una estatua de madera de un Bodhisattva abandonada en el camino, o quizás en la entrada de un pequeño santuario rural. El día era caluroso, el camino largo y el maestro estaba cansado. Sin pensarlo dos veces, Danxia tomó la estatua, la colocó en el suelo y se sentó cómodamente sobre ella, usándola como si fuera un simple taburete o una montura para descansar.
No pasó mucho tiempo antes de que un monje local o un devoto pasara por allí y presenciara la escena. Imagina su horror: ver a un maestro supuestamente respetable usando la imagen sagrada de Manjushri (el Bodhisattva de la Sabiduría) como asiento para su trasero.
Indignado, el hombre gritó: "¡¿Cómo te atreves?! ¡Estás profanando al Bodhisattva! ¡Te estás sentando sobre la sabiduría misma!". Esperaba que Danxia se disculpara, bajara la cabeza y mostrara arrepentimiento.
Pero Danxia, con una calma imperturbable, lo miró y respondió con una lógica aplastante:
"No me estoy sentando sobre un Bodhisattva. Me estoy sentando sobre un trozo de madera. Si tú ves un ser sagrado donde yo solo veo madera útil, el problema no es mi acción, sino tu percepción."
Con este gesto, Danxia no estaba siendo irrespetuoso con la iluminación. Estaba exponiendo la hipocresía de quienes confunden el símbolo con la realidad. Para el maestro, la madera era madera. Podía servir para calentarse (como vimos en la otra historia) o para descansar. Lo que la hacía "sagrada" o "profana" era la etiqueta mental que le poníamos.
Todos tenemos nuestras "estatuas" personales: ideas, tradiciones, imágenes de éxito o conceptos de moralidad que consideramos intocables. Nos ofendemos cuando alguien las cuestiona o las usa de manera diferente a la esperada. Nos sentamos en ellas mentalmente, protegiéndolas, pero a menudo esas mismas estatuas nos impiden avanzar.
Danxia nos invita a preguntar: ¿Qué estoy tratando como "sagrado" simplemente por costumbre? ¿Hay algo en mi vida que estoy respetando por miedo, cuando en realidad es solo "madera" que podría usar para mi bienestar o el de otros?
La verdadera devoción, según Danxia, no es arrodillarse ante una imagen, sino vivir con una mente tan libre que nada puede esclavizarte, ni siquiera la idea de Dios o Buda. Si puedes reírte de lo sagrado, entonces eres verdaderamente libre. Porque ya no necesitas ídolos externos para sentirte conectado con lo divino.
Así que la próxima vez que sientas que algo es "intocable", recuerda a Danxia sentado tranquilamente sobre su estatua. Quizás, solo quizás, sea hora de bajarla del pedestal y usarla para algo más útil: como un asiento desde el cual ver el mundo con nuevos ojos.
"Que tu respeto sea hacia la vida, no hacia las formas que la representan."