Cuando la supervivencia no permite reglas: lecciones para las fuerzas especiales
Cuando el gobierno de los Estados Unidos necesita saber cómo combatir sin reglas, recurre a expertos como Paul Vunak. Discípulo directo del legendario Dan Inosanto y experto en Jeet Kune Do y Kali filipino, Vunak ha pasado décadas entrenando a unidades de élite como los Navy SEALs. Su filosofía es clara y contundente: el objetivo no es ganar puntos ni demostrar habilidad deportiva, sino neutralizar al enemigo lo más rápido posible para completar la misión y regresar a casa vivo.
A diferencia de los dojo civiles donde se practica bajo condiciones controladas, el entrenamiento militar de Vunak se centra en la realidad asimétrica del campo de batalla. Allí, no existen los árbitros ni las categorías de peso. La violencia es extrema, improvisada y a menudo involucra armas. Por ello, Vunak enfatiza que el grappling prolongado en el suelo es un lujo que un soldado no puede permitirse, ya que lo deja vulnerable a otros atacantes o limita su capacidad para usar su arma de fuego principal.
Mientras que muchos sistemas de defensa personal se obsesionan con cuchillos tácticos plegables de alto costo, Vunak enseña a sus alumnos militares a respetar el arma blanca más utilizada en el planeta: el machete. Económico, fácil de conseguir en cualquier zona rural del mundo y devastadoramente efectivo, el machete representa la amenaza real que enfrentan los soldados en conflictos internacionales. Las técnicas de Vunak, derivadas del Kali filipino, se centran en «desfangar la serpiente» (atacar las extremidades que sostienen el arma) y controlar la distancia mediante footwork agresivo, reconociendo que intentar bloquear un tajo de machete con los brazos desnudos es una sentencia de muerte.
En el contexto militar, la defensa pasiva no existe. Vunak enseña que cuando un soldado es atacado, su respuesta debe ser inmediata y destructiva. Esto incluye técnicas prohibidas en cualquier deporte: golpes a los ojos, mordiscos, ataques a la garganta y uso de presión dolorosa en puntos vitales. Estas acciones, conocidas como kino mutai, no buscan someter al oponente, sino crear la oportunidad necesaria para escapar o contraatacar con fuerza letal.
Incluso en situaciones de cuerpo a cuerpo, la prioridad es mantenerse de pie. Si un soldado cae al suelo, su primer instinto debe ser levantarse utilizando cualquier medio necesario, incluyendo morder o golpear los genitales del adversario, para recuperar la movilidad y el acceso a su armamento. El Jiu-Jitsu brasileño se enseña solo como una herramienta de respaldo para salir de posiciones comprometidas, nunca como una estrategia primaria de combate.
Para el practicante civil, las enseñanzas de Vunak ofrecen una perspectiva cruda pero necesaria sobre la naturaleza de la violencia extrema. Nos recuerdan que las artes marciales tienen raíces en la supervivencia, no en el entretenimiento. Aunque la mayoría de nosotros no enfrentaremos escenarios de guerra, comprender la mentalidad de «neutralización rápida» nos ayuda a valorar la simplicidad y la eficacia sobre la complejidad estética.
En un mundo donde la seguridad personal es una preocupación constante, la lección final de Vunak es la inoculación al estrés: saber que bajo presión, las técnicas finas fallan, y solo los movimientos gruesos, la agresividad controlada y la voluntad inquebrantable de sobrevivir marcarán la diferencia entre la víctima y el superviviente.